
... Flotaba entre dos aguas. El mar era de un azul verdoso
muy azul, muy verde y mientras más bajaba, mas se hundía lentamente, más oscuro
y azulado se volvía.
Notaba como se mecía al ritmo suave de una corriente cálida, su dulzura le
envolvía y le arropaba como en su niñez el calor amoroso de unos brazos, o
quizás también le recordaba a la locura primera de un amor profundo y salvaje
como solo el amor puede serlo.
Ondeaba al compás de su universo intimo, la paz le rodeaba y en sus oídos nada,
solo la tenue melodía de su silencio. Penetraban en todo su ser los azules cada
vez más intensos y oscuros y su sosiego no tenía fin. Eso era lo que estaba
esperando tanto tiempo, ¡sí, eso era!
Se dejaba acunar entre corrientes y ondas, se dejaba llevar entre caricias de
algas aterciopeladas y luces tenues pero luminosas allí en su fondo, en su
tranquilidad más absoluta.
Se dio cuenta que no quería subir, ¡no, no quería! Algo se agitaba muy lejos,
muy alto, ¿Acaso había una superficie? -¡No no, no podía volver, no quería!
¡No, por favor no! , no quiero romper mi sosiego -, era consciente de que gritaba, pero el azul no
le dejaba escuchar el sonido de su voz -
no, por favor, no -
Simplemente, no quería despertar
(Hippolyte Flandrin - Study of a Nude Young Man)