La
vi danzando delante de mi.
Una
llama, una gran y brillante llama formada por pura luz que perfilada como
una figura humana danzaba rítmicamente. Se mecía hermanada con la gran
hoguera que iluminaba el claro del bosque.
Había
llegado allí por un camino de tierra limpia, árboles frondosos con toda la gama
de verdes de una paleta de pintor y alguno más imposible de igualar. Setos
angostos y pequeñas y retrasadas flores que se rendían al frío.

Yo
estaba allí, contemplando el espectáculo de pura energía que se fundía con el resto y quise ser la llama.
¿Y
si ya lo era?
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