El ser humano puede llegar a ser maravilloso o todo lo
contrario, un saco de miserias.
No hace falta ser un criminal, ladrón o cargarse cualquier
otro mandamiento, solo hace falta ser miserable. No miserable a lo grande, no, pero decía mi
abuela que muchos pocos hacen un mucho y hay personas que guardan como tesoros sus pequeñas miserias y así, una
detrás de otra y todas juntitas, acaban por
convertir a un ser normalillo en un auténtico y enorme miserable.

Es peor cuando las miserias se llevan en el alma y se
escapan cada dos por tres. Esas personas me dan pena.